ADAPT OR DIE

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               Según la teoría de la evolución de Darwin y Lamarck, las especies que no tienen o no hacen el esfuerzo por obtener las capacidades propicias para sobrevivir en su entorno acaban desapareciendo. Para elaborar dicha teoría, pusieron de ejemplo a las jirafas. De este modo, Lamarck sostuvo que las especies descendían de otras, y que las nuevas eran mas complejas que las anteriores. Creía que las formas de vida evolucionaban gradualmente y que lo hacían en función de las cualidades adquiridas (que provenían de sus propios esfuerzos). Es decir, que las jirafas antiguamente no tenían el cuello tan kilométrico, pero para sobrevivir y alcanzar su sustento -las hojas de los árboles- tuvieron que hacer un poco de ejercicio escaleno, y vaya que si les dio resultado.

Siempre me he mostrado reticente a adaptarme a algunas de las nuevas tecnologías innecesarias y al intrínseco e inevitable distanciamiento social que infunden, (cuando me vi casi en la obligación de aceptar un regalo y tuve que dejar de lado a mi retromóvil nokia, mi Woody, cuya batería duraba semanas, por un LG -todo un Buzz Lightyear-) y ahora he acabado cediendo a la tinta digital.

Lo que me lleva a hacer una breve reflexión sobre los principios. “Numquam dicere numquam“. En ocasiones tenemos que cambiar en cierto modo nuestra forma de vida para no quedarnos sin hojas de Mimosa, pero siempre podemos seguir creyendo en la serendipia, en la espontaneidad del azar, en los meridianos: todos ellos invisibles al foco de nuestra mirada, pero profundamente arraigados en la raíz de nuestra conciencia. Para mí esos principios acaban de llegar a sus finales, pues no son más que superficialidad enmascarada, inseguridad disfrazada de falsa moral; como casi todos los principios. ¿Qué me dices de ti?, ¿cuáles son los tuyos? y, ¿de qué te han servido hasta ahora?

Seguiré teniendo una vida anacrónica de forma coetánea a mi existencia, para sumar otra exquisita contradicción a este eclecticismo de ideas, gustos e intereses que llevo en mi maleta. Una maleta con la que me decido a emprender cualquier viaje y cualquier reto que se me presente y que tenga un valor para mí. Y, dado que aún no sé si estas amarillentas páginas que desprenden este olor a periódico antiguo me pueden aportar algo, o pueden contribuir a que yo dé una parte de mí, me aventuro a ellas.

Y sí, sigo usando el LG con el señor Quéhay, que nos condena a la suma dependencia de las ondas electromagnéticas, esas amigas que todos tenemos en común (¡qué pequeño es el mundo!).

Sin más dilación, me despido de mis primeros lectores con 5 centímetros más de cuello,

La meridiana.

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One comment

  1. Marx (Groucho) tenía varias colecciones de principios (para adaptarse y no quedarse atrás en la escala evolutiva). Yo no soy como él. Me da igual rezagarme. La verdad es que lo prefiero. Y no hay que olvidar tampoco que al final todos, incluso los mas consumados trepas, nos vamos a morir.

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