Mi balanza: una balanza rebelde

Queridos lectores:

En contadas ocasiones he tenido la sensación de que cada uno de nosotros estamos hechos de una energía limitada; de una energía que se difunde hacia distintos ámbitos de nuestra vida y que hay que aprender a canalizar. Enfocamos esa descarga positiva sobre nuestras amistades, sobre nuestra familia, sobre nuestro trabajo, sobre nuestros hobbies, nuestros romances… Porque, al fin y al cabo, todo es el resultado del tiempo y esfuerzo que dedicamos a esta plataforma de necesidades vitales (responsabilidades sociales, familiares, románticas, profesionales, académicas) que a veces nos sobrevienen al ritmo de una avalancha, dejándonos completamente paralizados. Esta dedicación presume de sus toneladas/kilos/gramos energéticos en una especie de balanza.

Es cierto que, lejos de ser una paradoja, a veces nos encontramos con personas que a simple vista parecen tener dotes para cualquier labor que emprenden o a la que se entregan, como si a su paso fuesen cayendo flores del manto celestial. Sus balanzas, como todas las balanzas de este mundo, también sufren rasguños y desajustes. Estas personas también tienen altibajos, deslices en el transcurso de su biorritmo, sus flaquezas, dudas, impotencias, carencias y debilidades. Pero tienen un truco aparentemente sencillo: saben utilizar TODA esa energía en su beneficio. Esta encomiable moderación y distribución de su sacrificio es precisamente lo que les convierte en un “hijo 10”, un “amigo 10”, un “estudiante 10”, un “escritor 10”, un “recogedor de setas 10”, un “novio 10”, etc. ¡Todo ello en un mismo pack! ¿Quién podría resistirse?

Saberse la teoría está muy bien, pero, mientras tanto, mi balanza observa expectante un ineludible desequilibrio y un apabullante desfase gradual, que no es más que el resultado de un intento fallido de calibrar mis prioridades y los movimientos constructivos de mi día a día, y decide inventarse su propio sistema de medida. Y yo insisto en que no es así como quiero distribuir e invertir mi energía, pero ella –testaruda como su dueña– se niega a dejarse configurar.

Pero ¿¡qué he hecho!?

He creado una monstruobalanza.

balance

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