Elige tu propia aventura

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Recuerdo cuando escoger un camino u otro era tan fácil como ir a la página 13 o a la 17. Y, personalmente, ni siquiera por aquel entonces era tan sencillo declinar o aceptar la invitación de la señora Thrombey. ¿Encontrarme ante una posible Jane asesina?, ¿un marido paranoico?, ¿ahondar en tales sospechas y quedarme a cenar para averiguar la verdad? Mi vida en estas páginas podía depender de ello.

Pues bien, perdería la cuenta de las veces que, no por falta de decisión, sino más bien por temor a dejar pasar la oportunidad de lanzarme a una odisea más larga o de mayor bucle, y quizá también por la tentación a la que nos expone en ocasiones ese condicional pasado de indicativo, volví a empezar cada una de las historias desde cero para así poder comprobar qué habría ocurrido si hubiese escogido la otra opción. Normalmente lo que nos interesa de la hiperficción explorativa es el desenlace. Lo que con ocho años aprendí de estas historias es que el final no está condicionado por el principio, sino por mis elecciones.

Dos décadas después, inmersa en las primeras páginas de este libro casi recién comenzado, me encuentro timoneando esta hiperrealidad explorativa, donde nada está aún predefinido ni perfilado. Donde el horizonte es igual de incierto y donde las expectativas son más bien altas.

Y qué difícil es dejarse llevar sin poder volver atrás la página, o sin poder vivir tres vidas esta vez.

[Pero divertido también]

Ahora, elige tu propia aventura:

Opción A: Si te interesa la idea de crear una hiperficción constructiva (narrativa escrita por más de un autor), escribe al correo que aparece en la ventana de contacto.

Opción B: Si no te interesa, pero compartes esta idea en defensa de la imaginación infantil, regálale a un niño de menos de 10 años que conozcas uno de estos librojuegos antes de que acabe el mes. Ni te interesa ni te agrada la idea, ve a la opción C.

Opción C: Página 17.

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One comment

  1. Yo también leía estos libros cuando era pequeño, y yo también solía leerlos una y otra vez eligiendo cada opción. Nuestra vida, como dices, solo va en una dirección y no podemos volver atrás… ¿O tal vez sí? Un saludo!

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